
En el profundo valle, los pájaros cantaban suavemente; sobre las rocas rugosas, el agua salpicaba y gorgoteaba. Un puente peligroso cruzaba el arroyo, conduciendo por un camino oculto; enroscado y ascendente, llegaba hasta las nubes blancas. En la cima de una montaña se encontraba la morada de un ermitaño, mirando hacia abajo al mundo desde innumerables años.
