
La brisa de la tarde, cálida por el sol y sin aliento de tanto correr por el camino, se precipitó nerviosa hacia los campos, solo para barrer con torpeza una diminuta flor. Con prisa, la deslizó en el sombrero tejido de una chica que paseaba, con la promesa de regresar un día con historias de olas azules y blancas.

Libre como el viento