
Escribió innumerables obras de teatro sin ningún esfuerzo, pero el recuerdo más inolvidable para ella fue el de una cometa de papel elevada en el cielo como un cisne asustado. La cuerda, sostenida en la mano de su hermana menor, se entrelazaba con su juventud, sus guiones y su escenario, hasta llegar a su vejez. Durante la reposición, miró a su hermana a los ojos, tan claros como en su infancia.