
Las tijeras de jade se movían como un viento cálido recortando hojas; los hilos dorados se entrelazaban como nubes fluidas. El bullicio habitual de la posada se suavizó hasta convertirse en una calma concentrada. Para otros, las intrincadas piezas podrían haber parecido abrumadoras; para ella, eran estrellas en un vasto mar, cada una trazando su propia órbita silenciosa.