
Un estanque tranquilo reflejaba el corazón mientras surgían ondas. Luego, la ligereza se levantó, la respiración se calentó en suaves olas. Todas las formas compartían una sola respiración, sin embargo, este único pensamiento se cristalizó. El resplandor fugaz de innumerables seres se desvaneció, y solo esa figura permaneció distinta. Aunque sus ritmos diferían, la familiaridad parecía antigua. En lo invisible, la cercanía y la distancia se entrelazaron, quedando como un sueño pasado errante.