
El truco de los ladrones falló. En esos insultos frenéticos, su sabiduría del tamaño de una aguja despertó de repente: las hojas de las armas no pueden herir su piel, las palabras no pueden sacudir su voluntad. ¡Su corazón suave y bondadoso no tenía defensas, y esa era la única brecha por la que podían engañarla!