
Cuando las puntas con cuerno tocaron el rocío, el calor y el frío encontraron su ritmo; cuando el viento alcanzó el oído, el movimiento adquirió significado. Las sombras de las nubes escribían poemas, la piedra murmuraba versos; el musgo se convirtió en escritura, la orquídea y la hierba dulce hablaban en aromas. Las montañas y los ríos se desplegaron como un pergamino, con innumerables formas de capítulos. Con ojos despertados, cada detalle se leyó en su totalidad.