
El atardecer fundió la tierra en oro líquido. El alegre canto de los honguis se elevó hasta el cielo. La hoguera de Dominios Celestiales brilló como un sol poniente. Las bestias, al regresar a su guarida, formaron colinas ondulantes con sus siluetas. En la luz dorada del crepúsculo, el mundo cantó un himno de libertad.