
El sonido roto del arroyo fluye de entre los dedos, convirtiéndose en guijarros de color musgo. Ella los lanza hacia el agujero bajo, esperando a que el delfín de falda de hierba salte ágilmente, rascando sin parar el agua que fluye dura. Todavía no se cansa de esta travesura inofensiva.
