
"¡Gracias, hermana!". Los ojos de la niña brillaban como estrellas, y su voz clara era como una suave brisa que acariciaba el corazón de la joven. La luz de la linterna parpadeaba mientras las risas se mezclaban, y la calidez se instalaba en su abrazo y llenaba la noche con un suave resplandor. Su corazón, como la luna llena, se sentía completo e intacto.