
Cantaron por primera vez en el teatro, con sus trajes brillando tenuemente a cada aliento que hacía temblar su pecho. La canción fluía sin fin, y todo el escenario parecía estremecerse con ella. Ennio vio la luz de la luna desvanecerse, bosques en flor, gotas de rocío que brillaban como diamantes y hojas suaves como seda.