
La piedra no podía hablar, pero podía albergar el alma. A pesar de carecer de habilidades divinas, la determinación del artesano nunca flaqueó. La arcilla tomó forma bajo sus manos mortales. El artesano deseaba esculpir una estatua de jade y oro para ella, para honrar su nacimiento, recordar sus hazañas y permitir que otros contemplaran su presencia.