
El día que cumplió dieciocho años, al comenzar a cantar, las notas se transformaron en pajarillos que caían suavemente sobre los hombros de los espectadores; sus uniformes grises florecieron en patrones, y sus ojos empañados brillaron. De vez en cuando, llovían frijoles arcoíris desde el cielo, dejando a todos confundidos y maravillados.