
Las bayas parpadeaban con sus brillantes ojos entre la hierba, y los amigos llegaron como lo prometieron. Deambularon entre luces y sombras moteadas, la risa se derramaba por los senderos, con las comisuras de sus labios teñidas de dulce. La inmensa alegría se depositó en pequeñas cestas.

Rayos de un sol lejano