
Unas gotas caían de debajo del alero. ¿Eran llamas condensadas o una incesante lluvia de sangre? De niña, le había encantado cantarle al fuego y a la lluvia, pero ahora esas imágenes estaban teñidas de carmesí. Cuando abrió la boca para hablarle a su antiguo hogar, de sus labios solo escapó un lamento desgarrador.

Camino elegido