
Los dobladillos revoloteantes perturbaban el rocío de flores en los escalones, esparciendo gotas como la niebla matutina que flota en el aire. Al notar el rostro cansado de la artista, aún teñido del azul distante de las montañas, alguien preguntó qué la mantenía inquieta entre tantos amaneceres y atardeceres, y qué carga pesaba tan hondo en su corazón.