
Cuando las figuras familiares no aparecieron con el pasar de las noches, comprendió lo que significaba. Probablemente se habían convertido en un suspiro del bosque, un frágil vestigio de dolor. Así susurraba elegías al viento solitario de la noche, con la esperanza de que eso contara como haber caminado alguna vez junto a ellas.