
Las gotas de rocío de las hojas aún no habían desaparecido. El ciervo chal alzó la cabeza junto al arroyo y vio una bandada de noctugarzas errantes escapar en la distancia. El ciervo chal permaneció impasible. Como una nube sacudida por el viento, corrió silenciosamente hacia las profundidades del bosque.