
El ciervo imperial adornó el vestido de la chica con flores, pétalos suaves como nubes, y hierbas fragantes y exuberantes. Atraídos por el aroma, los pájaros abandonaron sus bandadas de buena gana para reunirse a su alrededor. Envuelta en esta dicha, la danza de la chica adquirió una cualidad onírica y encantada