
Afortunadamente, el Maestro del Coraje comprendió en el último instante: "¡No! Aunque tenga que adentre en la espesura de las espinas, ¡es mejor que ahogarme en el fango de las ilusiones!". Aunque el futuro seguía siendo incierto, sostuvo en alto la lámpara solitaria, iluminando tenuemente el camino de quienes lo acompañaban.