
Cuando la melodía terminó, la gente se dispersó. Cada historia tuvo un regreso a casa, y solo Ella permaneció para siempre afuera. El espejo reflejaba todas las formas, pero nunca entraba en el cuadro mismo. Cuando la marea de emociones se retiró, solo quedó la melancolía. Ese instante de alegría y tristeza fue como el rocío sobre una hoja de loto—brillante a la luz de la mañana, pero destinado a desvanecerse.

Vestigios de Chroma