
El astuto conejo enmudeció y sus dulces palabras quedaron atrapadas en la garganta. Nacido como criatura engañosa, ¿cómo podría negar su naturaleza? Una vez lanzada la piedra, el agua no podía recuperarse. Las palabras melosas eran como un instinto, mas la culpa se filtraba; difícil de soportar, pero aún más difícil de pronunciar.