
Había entrenado día y noche, balanceándose ante la ventana de la habitación, pero la luz de la luna nunca había iluminado su falda. Aquel lugar estaba impregnado de cenizas, polvo y los cánticos lúgubres del pasado, perfecto para ocultar el odio, a la espera de un juicio insensato y doloroso.

Camino elegido