
Viene del silencio de la noche de sufrimiento, cruzando la lluvia y el bosque denso, entregando esas palabras no cumplidas. La niebla blanca se disipa en la niebla matutina, y la promesa renace en la palma de su mano. Un suspiro besa suavemente las puntas de los dedos del amante, convirtiéndose en el anillo no entregado.
