
La vida fluía como un sueño, efímera y fugaz; no era de extrañar que los humanos suspiraran a menudo. Las cromalmas vivían mil años o más, y los humanos apenas cien. Antes, ella había leído y comprendido poco; ahora, la comprensión llenaba su corazón. Anoche ofreció un baile de despedida; por la mañana, ya era una viajera que partía.