
El campo de trigo sin cosechar le cantaba una canción familiar, llamándola a levantarse y regresar a casa. Sin embargo, permaneció largo rato en el seno del campo, en aquel nido que se había forjado. Ni siquiera la más fértil de las fragancias del trigo pudo disipar la desorientación que se había instalado en su corazón.

Pétalos en la brisa