
En cada visita, seguía el camino del sanador benevolente establecido en el guion. Administraba la medicina con mirada amable y disipaba las dudas con palabras sinceras. Los pacientes hablaban de ella como alguien en quien confiar y en quien apoyarse. Sin embargo, el verdadero significado de esa confianza, aunque se manifestaba día y noche, seguía pareciendo como las flores en un espejo o la luz de la luna sobre el agua: visible, pero fuera de su alcance.

Ecos de Wanxiang