
Anhelaba que la gente abrazara en verdad cada fragmento de alegría, con la claridad de la luz matutina que despierta los pétalos y la suavidad de la brisa que agita las ondas. La verdadera felicidad debe resonar, no perderse en una ilusión, debe ser compartida por todos, para que así se regocijen juntos en la ternura y la valentía del mundo.