
Permaneció inmóvil entre las altas ramas, escuchando cómo los árboles centenarios transmitían el temblor de los gritos de socorro lejanos, y observando cómo los arroyos reflejaban las ondas del agua que luchaba oculta en sus profundidades. Cuando el peligro acechaba en algún lugar, el bosque entero se convertía en sus ojos y oídos; con solo cerrar los ojos y escuchar, sabía dónde debía caer la espada del juicio.

Soledad entre las ramas