
Al principio, los relatos de Imperio de Jade parecían poco más que destellos fugaces—novedosos, deslumbrantes, irreales. Solo al escuchar atentamente al narrador se hizo evidente el peso del dolor: el sufrimiento colgando como nubes bajas, las lágrimas empapando las mangas. A medida que la prosperidad se desvanecía, la verdad no dicha se revelaba—a sea de lágrimas retenidas, y un grito silencioso de angustia.

Vestigios de Chroma