
Entre los cromalmas, los temperamentos variaban. Los diligentes se levantaban temprano y se acostaban tarde, incansables en la práctica; los ociosos encontraban desvíos, robando momentos de ocio dentro de la ópera. Al tercer golpe del tambor, se deslizaban detrás de las cortinas bordadas, los ojos siguiendo el giro de las mangas de agua, los oídos siguiendo los rápidos y lentos golpes del badajo, observando cómo se alternaban en el escenario.

Ecos de Wanxiang