
En la soledad de la noche, se miró al espejo y, mientras observaba cómo su rostro envejecía lentamente, se detuvo un momento en sus ojos, firmes e inquebrantables. Esa noche, no tuvo más pesadillas y, hasta el final de sus días, los espíritus inquietos no volvieron a aparecer en sus sueños.

Camino elegido