
La idea de que algún día también podría convertirse en un árbol y acompañar a papá, le llenó el corazón de calidez y una nueva determinación. Se levantó y se sacudió; las hojas crujieron al caer y cubrieron el suelo. La luz del atardecer era tenue, justo el tiempo suficiente para atrapar un pez más junto al agua.

Verde que te quiero verde