
Imperturbables ante la paz de la costa lejana, pero sin temor al mal inminente, innumerables barcos surcaron el crepúsculo infinito. Bajo el cielo estrellado, los ojos de quienes navegaban contracorriente brillaban, y el resplandor atenuado de los fuegos artificiales iluminaba los oscuros ríos que serpenteaban entre las islas.