
Lejos de su hogar, los caminantes desean que su tierra natal siga recordándolos, y las piezas olvidadas se mantienen como centinelas silenciosas que protegen a aquellos que continúan su viaje. El viento sopla a través de los árboles pétreos, y silba anhelos que se convierten en guardianes mudos al navegar por los retazos de las vidas pasadas de otros.