
¿Quién invoca la nieve en el fin del mundo y teje muros de blanco puro? Es la reina de las sirenas de hielo, coronada por la gloria indomable, y cuya voz es un solemne juramento de protección. Pero la eternidad no es más que un eco del tiempo, y la destrucción, un suspiro fugaz de desesperanza. Aun así, la mirada suave del viajero no se doblega y acuna el último destello de luz en la vasta e implacable nieve.

Nieve eterna