
Abatida por el cansancio, ella avanza a través del valle profundo. Por fin, el ave solitaria alza la vista y encuentra compañía en la imperfecta luna solitaria, un defecto que conoce muy bien. La Trotamundos, con una mirada compasiva, guarda el instante fugaz en la memoria, antes de que se desvanezca para siempre.

Corazón prevalente