
Hubo un tiempo en que sus pasos titubeaban, su corazón iba a la deriva, como un alma errante en una noche interminable e incierta. Pero entonces, el lago brilló suavemente, y el anguilazo rosa movió su cola con gracia, reavivando las brasas olvidadas de su inspiración. Tomó sus zapatos de baile, dio el primer paso y dejó que la esperanza brotara suavemente en el silencio que precede al amanecer.

Ensueño de lazos