
La mansión era grandiosa y silenciosa, las sirvientas hablaban en voz baja, y el susurro de los árboles en el bosque cautivaba el ánimo, mientras la joven, fingiendo compostura, miraba a escondidas. El tiempo fue ojeado por este par de adorables compañeros, y una vida tranquila y plena llenó los largos años.

Libre como el viento