
Cuando las llamas escarlata devoraban la ciudad, la solitaria maestra de la espada sangraba sobre su filo fallido. Entonces, el pincel de la artista transformó el fuego en mil acres de arces otoñales y, afligida, pintó el cielo de un color ardiente como el crepúsculo que parecía quemar la tierra en su lienzo.

Espada errante