
Al fin, da el paso que tanto había esperado. La ciudad aún duerme, el mundo permanece en silencio; solo se oye el eco constante de su corazón. Avanza por el sendero cubierto de musgo, caminando sigilosamente entre los árboles del bosque. A medida que la luz matinal se filtra entre las ramas, aparece a lo lejos una mansión: es una construcción silenciosa, pero que responde al anhelo latente que lleva en el alma.

Nieve eterna