
El tiempo pasa sin cesar, y la niña que antaño perseguía azulámbares ya dejó su infancia atrás. El gran árbol de enfrente de su hogar se llenó de hojas verdes y frescas, y sobre las ventanas se deslizaban los capullos ya florecidos. Con una mochila en la espalda, estaba lista para partir hacia un viaje de aprendizaje y conocimiento.