
Aunque hayan recorrido miles de pueblos y aldeas, los corazones de las dos caballeras errantes aún están atados a aquel lugar donde la escarcha y la nieve caen sin cesar, y el viento frío susurra suavemente. Incluso en una tierra helada pueden brotar frutos cálidos, que aguardan en silencio bajo la ventisca.

Reencuentro entre lágrimas