
Intentando que mi amigo duerma bien, las horas de vigilia solitaria ya no son largas. Viendo su largo aliento fundirse en la brisa nocturna, la luz de la noche ilumina también los dulces sueños. No necesito decir lo que quiero guardar, porque las polillas bordadas que te siguen en silencio ya lo saben por ti.

Reencuentro entre lágrimas