
Gracias a los cielos despejados y los ramos del libro ilustrado, las dos hermanas abrieron las puertas del destino. Los ojos de la mayor brillaban con la luz de las estrellas lejanas, mientras que la menor custodiaba un sueño tejido con la luz del sol. Las nubes aún se cernían bajas, pero su infancia despreocupada se había ido para no volver jamás.

Pétalos en la brisa