
Te alejaste silenciosamente en una brisa nocturna oculta, llevándote toda tu fragancia. Los reflejos de ayer se congelaron en cadenas bajo mis pies. Abuela, cuánto anhelaba descansar para siempre en tu última sonrisa. Creí que nunca volvería a encontrar un jardín de ensueño perfumado con tu presencia.

Vientos remotos