
Las estrellas colapsaron en agujeros negros, se deshicieron en ríos de luz, y la esperanza se desvaneció entre llamas. La niña permanecía de pie entre las estrellas infinitas, contemplando la última y solitaria nebulosa. El universo le enseñó tanto la inmensidad como el vacío y, aun así, le entregó el valor para enfrentar lo desconocido sin temor.