
El loong blanco levanta la luna de la superficie del agua, pero permanece inmóvil, un paso demasiado tarde. Las ondas brillan frías y pálidas, su brillo no perdona a quien se desvía. Allí donde la tinta se ha secado y los pozos están vacíos, el camino de una escama solitaria regresa en vano. La seda, intacta, permanece inmaculada, mientras lágrimas de plata caen noche tras noche.

Lazos de tinta