
La chica, perdida y sola, conoció a los hospitalarios honguis, quienes iniciaron su asombrosa aventura en Spira. Cantaban y bailaban toda la noche, y sembraron la semilla de la amistad. Con confianza y gratitud, la chica tejió un vestido de plumas de su hogar, con la esperanza de que el breve viaje dejara una huella imborrable.