
Era devota en su fe, cantándole himnos a la doncella divina bajo la torre día y noche, sin titubear ni una sola vez. Muchas veces alzó la vista hacia la torre, cruzando mirada con la doncella divina. Nunca comprendió la sombra que veía en sus ojos, pero creía que algún día podría hacerlo.

Oraciones sin rastro